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10.000 árboles para defender el Valledor

Fecha: 18/07/2012
16.07.12 - 02:36 - R. MUÑIZ | GIJÓN.
 

  • El Fapas y HC llevan especies que no ardan con facilidad. Ocho meses después de la catástrofe, se empiezan a cobrar las ayudas 
  • Termina la primera fase para plantar una muralla verde contra el fuego 

 
«Nosotros recibimos el monte repoblado y así queremos dejarlo a las generaciones venideras». Así lo dijo recientemente Carlos López, presidente de la parroquia rural de San Martín del Valledor. Un 23 de octubre el fuego puso en los medios de comunicación el nombre de este rincón allandés y el de su vecina Berducedo. Juntos suman 260 almas y, desde aquel día, un paraje cenizo de 2.200 hectáreas.
 
La desgracia de los incendios se sufre en dos tiempos: primero, las llamas devoran todo aquello que pueda servir de combustible; después la lluvia fija las cenizas al suelo, haciendo de ellas un manto que obstaculiza la vida. Repoblar El Valledor se convierte así en una tarea titánica que precisa de menudas manos.
«Sois unos privilegiados», les espetó, desafiante, Roberto Hartasánchez, cabeza visible del Fondo para la Protección de los Animales Salvajes (Fapas). Su auditorio lo formaban 207 chavales armados de azadas, cubos y plantas. Estudian en los colegios de Pola de Allande y El Salvador de Grandas de Salime y han tenido la fortuna de ser «los primeros en plantar un árbol para recuperar y regenerar la naturaleza en El Valledor», les alentó Hartasánchez. Espoleados así, consiguieron poner 250 árboles, todos abonados por la empresa Saltos del Navia C. B., que explota el embalse de Grandas de Salime, el mayor de la región. La presa lleva desde 1954 regulando las aguas del río asturgallego, haciendo de la naturaleza algo aprovechable.
 
La mancha verde iniciada por los estudiantes sumó recientemente su árbol número 9.350. A los colegios y el pantano, le ha cogido el relevo la Fundación HC Energía, que ha puesto financiación para seguir este ritmo durante tres años. La idea es «repoblar con 10.000 árboles cada año y los estamos buscando frondosos y caducifolios, para que en caso de incendio funcionen como una barrera natural», explica Hartasánchez. El grueso de la arbolada lo forman 4.600 castaños y 3.000 alcornoques, especie ésta «bastante rara en la cordillera, pero que tiene en esta zona uno de sus escasos hábitats», anota el presidente del Fapas.
 
La segunda línea de defensa la forman 500 fresnos, 450 cerezos y 400 abedules. En el pelotón quedan 300 serbales de los cazadores y 100 mostajos. Son refuerzos llegados al suroccidente desde Santo Adriano y La Mata, donde el Fapas y la Consejería de Agroganadería tienen sus viveros. La reserva es aún reducida y se adapta a una parcela de 10 hectáreas, una gota que apenas representa el 0,45% de la superficie afectada. Además de escasa su aprovechamiento económico resulta «limitado, por eso la gente tiende más a plantar pino y eucalipto, especies que justamente favorecen que un incendio se expanda».
 
La parroquia ha cedido el suelo sobre el que crecen estos brotes. El árbol número 10.000 ronda justo cuando las palabras de la Administración empiezan a transformarse en euros. El Consejo de Gobierno acordó el 22 de diciembre pasado entregar una subvención a la parroquia de 409.916 euros, fondos que llegaron hace semanas. De repartirse equitativamente, la ayuda sería de 1.576 euros por vecino. Un alivio. Como esa gota verde que no sirve para vender madera, sólo para frenar el fuego y hacer paisaje. «Claro que, ¿cómo mides el valor de esto?» -plantea el ecologista- «Lo que había aquí y se quemó, ¿cuántos millones valía?». 
 




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